Mi Dulce Amor

Cuando llegue el verano
y de hojas se cubra
el verde limonero,
tú, te acordarás de mí;
y allá donde yo esté,
te seguiré queriendo.

Cuando tú veas los campos
de amapolas rojas,
entre el verde trigal
al sol resplandeciendo,
tú, te acordarás de mí;
y allá donde yo esté,
te seguiré queriendo.

Cuando en tu ventana canten
los pájaros, temprano,
del nuevo día anunciando
que ya hay sol en el cielo,
tú, te acordarás de mí;
y yo, tesoro mío,
te seguiré queriendo.

Cuando llegue el verano
y mires ese cielo,
en esas noches claras
en las cuales no hay nubes
y sí muchos luceros,
tú, pensarás en mi.

Pensarás que no estoy,
pensarás que me he ido
y no voy a volver
a ver esos luceros,
pero yo, vida mía,
me los llevé muy dentro.

Pues para mí, el brillo
de todas las estrellas
que tengan nuestros cielos,
yo lo tenía cerca;
lo tenía en tus ojos
que brillan más que ellos.

Por eso yo te digo
que me lo llevé dentro,
me lo llevé en el alma,
y ahí, yo lo conservo.

Por eso tú,
te acordarás de mí;
y yo, mi dulce amor,
allá donde esté,
si es que algo alienta;
yo, te seguiré queriendo.

Cuando el almendro en flor
anuncie el verano
con su ramaje florido,
que a mi tanto me gustaba;
tú, te acordarás de mí.

Y allí donde yo esté,
si es que hay un lugar
donde vayan las almas,
también me acordaré de ti;
pero yo te estaré viendo.
Y no lo dudes, mi amor;
yo, te seguiré queriendo.
Jazinta Nuño–1995(c)
Poesía ganadora del IV Certamen Literario
convocado por las A.A.V.V. y el patrocinio
de la Casa de Cultura del Ayuntamiento de
Alcázar de San Juan

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