Tus Ojos

Caminaba pensativo
por el borde del arroyo
y me salieron al paso
tus negros ojos, dos toros.

Tu cuerpo blanco de luna
refulge como un tesoro
y enredándose en tu cuerpo
tu pelo largo y lustroso.

Toda mi alma temblaba
ante tanto poderío;
y tiritando y temblando,
yo te esperé, amor mío.

Y los toros de tus ojos
embistieron a mi alma,
negros, inmensos, morunos
que se llevarán mi aliento
y me robaron la calma.

Mas la seda de tu pelo,
enredándose en mi cuerpo
lo apretaba junto al tuyo
y me abrazaba en silencio.

Y en el borde del arroyo,
donde mismo pasa el agua,
fuiste mía y yo fui tuyo;
tú me robaste el sentido.
Te quedastes en mi cuerpo
me quitaste toda el alma.

Y tus ojos, negros, fieros,
como dos toros en celo,
pregonaban con bravura
que eran dueños de mi cuerpo.
Jazinta Nuño(c)

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